¿Por qué te afectan tanto las cosas que pasan en el mundo?
Para algunas personas, lo que pasa en el mundo no se queda afuera.
Entra al cuerpo, da vueltas en la cabeza, tensa el pecho, interrumpe el descanso. No es fácil “poner distancia”, incluso cuando se intenta.
Guerras, crisis económicas, abusos que salen a la luz, violencia normalizada, precariedad constante. Para muchas personas neurodivergentes, estos acontecimientos no son solo contexto. Se vuelven ruido interno, tensión corporal, pensamientos que no descansan, cansancio profundo.
Este texto no es terapia ni reemplaza acompañamiento profesional. Es un espacio de psicoeducación y cuidado, para entender por qué esto pasa y cómo vivir de forma un poco más habitable en medio de crisis que son reales.
1. No es que seas “demasiado sensible”
Muchas personas neurodivergentes (autistas, TDAH, AACC y perfiles mixtos) procesan la información de manera profunda y conectada.
Eso suele implicar:
- Ver patrones donde otros ven hechos aislados
- Conectar rápidamente causas y consecuencias
- Anticipar escenarios futuros
- Vincular lo que pasa en el mundo con valores personales
Cuando ocurre algo grave, no queda en la superficie.
No ves solo qué pasó. Ves por qué pasó, qué lo permitió y qué significa.
Eso no es fragilidad. Es otra forma de estar en el mundo.
2. El sistema nervioso ya viene exigido
Para muchas personas neurodivergentes, la vida cotidiana ya demanda un esfuerzo extra:
- Adaptarse a entornos poco amables
- Regular estímulos sensoriales
- Ajustarse a normas implícitas
- Sostener rendimiento con alto costo interno
Por eso el estrés rara vez parte desde cero.
Cuando el mundo entra en crisis, no se suma una preocupación más: se pisa un sistema que ya está cansado.
Y el cuerpo lo siente.
3. Cuando el dolor también es ético
Hay un tipo de malestar que no siempre se nombra: el dolor moral.
Muchas personas neurodivergentes:
- Se orientan por principios más que por conveniencia
- Tienen dificultad para normalizar la injusticia
- Sienten con fuerza la distancia entre lo que es y lo que podría ser
Entonces las crisis no solo generan ansiedad o tristeza. Generan quiebre de sentido.
Duele ver lo que se permite. Duele ver lo que se repite. Duele sentir que todo podría ser distinto.
4. Dos reacciones frecuentes ante la amenaza
Cuando la vulnerabilidad y el desamparo se vuelven difíciles de sostener, suelen aparecer dos movimientos defensivos aparentemente opuestos. No son identidades ni diagnósticos. Son formas de sobrevivir. Para eso, recordaremos a los X-Men.
Hiperresponsabilidad ética (Modo Dr. Xavier)
- Intentar explicar y educar constantemente
- Ser el puente, incluso cuando cansa
- Postergar el propio límite
- Sostener la ética a cualquier costo
Desde fuera suele verse como fortaleza. Por dentro, muchas veces se vive como agotamiento y culpa.

Endurecimiento defensivo (Modo Magneto)
- Rabia acumulada
- Pensamiento más rígido
- Sensación de “estar solo/a contra el mundo”
- Fantasías de control o superioridad para no colapsar
Es una defensa frente a la impotencia.
El costo suele ser el aislamiento y la pérdida de ternura.

5. No son tipos de personas, son estados
Una misma persona puede moverse entre estos polos según:
- El nivel de amenaza percibida
- La cantidad de descanso disponible
- La presencia (o ausencia) de vínculos reguladores
- La seguridad material y emocional
El problema no es pasar por estos estados. El problema es quedarse atrapado en ellos.
6. Cuidarse no es desentenderse (es no romperse para sostener)
Vivir en un mundo en crisis no es solo un desafío emocional. Es un desafío político, ético y corporal.
Para muchas personas neurodivergentes, la respuesta automática frente al daño es hacerse cargo: entender, denunciar, explicar, sostener, reparar. Incluso cuando el costo personal es altísimo.
El problema no es la sensibilidad ni el compromiso. El problema es cuando el sistema logra algo muy eficaz: 👉 que la carga de lo colectivo termine alojándose solo en cuerpos individuales.
No se trata de anestesiarte ni de “mirar para otro lado”. Se trata de no dejar que la injusticia también te colonice el cuerpo.
Regular la exposición no es despolitizar
Estar informado no implica estar permanentemente expuesto. La sobreexposición constante no aumenta la conciencia: aumenta la saturación y reduce la capacidad de acción.
Elegir cuándo y cómo informarte no es indiferencia. Es una forma de proteger la claridad, para no quedar atrapado/a en la parálisis o el colapso.
Un sistema nervioso desbordado no organiza, no cuida, no transforma.
Soltar la fantasía de responsabilidad total
Que algo te importe no significa que te corresponda sostenerlo todo.
La lógica de “si yo no me hago cargo, nadie lo hará” suele aparecer con fuerza en personas neurodivergentes… y es funcional a sistemas que delegan lo colectivo en individuos exhaustos.
Cuidarte no te vuelve menos ético. Te vuelve menos explotable.
Una ética que no reproduzca la violencia
Si tus valores solo pueden sostenerse a costa de tu salud, tu descanso y tu cuerpo, entonces algo de esa ética fue secuestrado por la lógica del sacrificio.
Una ética viva —no heroica, no punitiva— necesita:
- pausas reales.
- momentos de placer sin culpa.
- autoexigencias que no se vivan como castigo.
- vínculos donde no tengas que explicarlo todo.
No para dejar de luchar, sino para no convertirte en otra víctima silenciosa del mismo sistema que buscas mejorar.
Para cerrar
Que el mundo esté en crisis no significa que tú tengas que vivir en emergencia permanente.
Sentir profundo no es una falla. Pensar en capas no es un defecto.
Pero sí necesitas condiciones de cuidado acordes a cómo funcionas.
En Salud Divergente creemos que vivir mejor hoy no es dejar de ver la complejidad del mundo. Es no cargarla en soledad, sin pausas y sin apoyo.